El cuchillo en el agua (Roman Polanski, 1962) Huis Clos Un texto de Eduardo Nabal Román Polanski director célebre y controvertido donde los haya, de irregular carrera, hizo un espectacular y a la vez sencillo debut en los años 60 con El cuchillo en el agua. Estamos ante una pieza de cámara protagonizada por tres personajes, un matrimonio y un joven autoestopista que emprenden juntos un accidentado viaje en yate. Ya en este filme, que inexplicablemente disgustó al gobierno polaco, vemos la maestría del realizador para dotar de tensión a cada momento, cada diálogo y cada detalle visual o sonoro (apoyado por una brillante partitura jazzística).
El cuchillo en el agua es junto con su siguiente trabajo, Repulsión, (un thriller psicológico sobre el imparable descenso de una joven hacia la locura) uno de los trabajos más perfectos y acabados de un director que es, no obstante, más conocido por filmes menos límpidos y más efectistas como La semilla de diablo, El baile de los vampiros o la tremendista Lunas de hiel.
Polanski se muestra ya en posesión plena de sus dotes expresivas. Vemos su forma de medir la composición de los encuadres y reencuadres, el valor simbólico de los objetos y la geometría de los espacios, la fisicidad de los cuerpos logrando hacer claustrofóbica y llena de dobles sentidos una travesía marítima donde se masca la tragedia pero nunca llega a producirse porque las intenciones del director son perturbar e incomodar, no impactar.
Uno de los grandes temas de filme es la soledad del ser humano y la incomunicación que puede esconderse tanto en los silencios como en los diálogos banales o en las historias que se abren y se cierran sin dar respuestas. |



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