![]() |
|||
La maman et la putain (Jean Eustache, 1973) Desmontando a Antoine Doinel Un texto de Joan Pons Jean Eustache, Philippe Garrel y Marguerite Duras fueron los únicos cineastas franceses que realmente dieron sentido al concepto ‘post-nouvelle vague’. Mientras otros directores galos, también notables, como Téchiné, Doillon, Pialat o Tavernier planteaban una suerte de continuación, estos francotiradores proponían directamente una fuga, una ruptura, un punto y a parte. Y lo hacían desde la radicalidad. Extremando planteamientos tanto desde lo estético como desde lo ético, La mama y la puta es el epítome de esta corriente ‘post’. De hecho es casi un tiro en la nuca a todo el cine francés anterior. Partiendo del hiperrealismo heredero de Rohmer, Jean Eustache violenta el tiempo y el espacio cinematográfico (las coordenadas básicas de este arte) con una obra que requiere de pocas, poquísimas localizaciones (es un film de alcoba) y muchos, muchísimos, minutos (4 horas). Eustache encajona a tres personajes entre cuatro paredes y les hace hablar, hablar y hablar hasta llegar al fondo de las cosas. Si Truffaut se mostraba indolente y empático con el personaje de Antoine Doinell, Eustache escoge el mismo actor (Jean-Pierre Leaud) y el mismo fenotipo (un bohemio intelectual, pequeño burgués y mujeriego) y lo arroja al mundo real, por no decir que lo estrella. Y en ese mundo, claro, naufraga: por escapista, por artificial, por cretino. Enfrentado a la veracidad del personaje de Françoise Lebrun, este personaje tan nuevaolero se empequeñece, naufraga y casi muere. Los sentimientos de verdad contemplados frontalmente se acaban comiendo, en definitiva y como no podía ser de otra manera, a los sentimientos representados hasta entonces en la ficción. |
|
||
Mapa web |
© 2010 contrapicado.net |
||