Sans soleil (Chris Marker, 1982) La imagen-memoria recuperada Un texto de Enrique Aguilar ¿Cómo acercarse a una película que parece abarcarlo todo? ¿Cómo describir al hombre que se esconde detrás de una cámara fotográfica y que, al hacer cine, es capaz de conseguir la más evocadora poesía? Así nos tenemos que enfrentar en esta pequeñez de espacio ante una película como Sans soleil y ante un autor como Chris Marker. Así tenemos que resumir una película que se construye a partir de fragmentos, a partir de trabajos anteriores del cineasta y de sus colegas, de retazos de televisión y de “experimentos” visuales, resultados del vídeo. Así nos vemos obligados a esbozar la grandeza de alguien que no ha cesado de establecer conexiones entre el presente y el pasado a través de lo que, hoy más que nunca, se considera como único soporte para la memoria: las imágenes. Y es que, muy probablemente, Chris Marker ha sido el único cineasta que ha dedicado la mayor parte de su obra a la reflexión de la memoria, al papel del olvido y del recuerdo a través de las imágenes. Sin duda, Sans soleil ha marcado un hito en esta búsqueda de lo que ya sólo es huella en la iconografía contemporánea.
Desde Islandia hasta la sabana africana Marker nos lleva a revisionar el mundo desde otra perspectiva. La del extranjero que se apodera del espacio a través de una cámara, la del visitante que, fascinado, se adentra en una cultura que le es ajena y que anhela entender a través de sus imágenes; la del cineasta que escribe cartas y envía imágenes a una mujer que las lee y enseña al espectador a través de la pantalla. Sandor Krasna, heterónimo de Marker, nos conduce así a su visión personal del mundo. Sans soleil se construye tras la apariencia de un diario filmado que no refleja la sensación instantánea de quien ha recogido dicho material sino que recoge un proceso de pensamiento. Las ideas sobre un hipotético filme que se ha de construir sobre el material filmado. Krasna/Marker hila de esta forma una bellísima reflexión que parte de una particular representación icónica de la felicidad, que recorre los pasos de Scottie en el San Francisco de Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), que recupera el horror de los Khmeres Rojos de Camboya y que evidencia la despolitización de la juventud que nació en pleno Mayo del 68.
¿Y qué decir del texto? ¿Qué decir sobre la voz de Florence Delay, la Jeanne de Bresson, que martillea el pensamiento con cada línea de texto? Y es que Sans soleil, como todos los filmes de Marker, trabaja la palabra como sólo un Godard o un Alexander Kluge han conseguido. Ya no se trata de interpelar el pensamiento del espectador con crípticos aforismos que muchas veces sólo pueden ser respondidos por sus propios defensores. Aquí el texto da un sentido nuevo a la imagen. Ya no se trata de acompañarla y apoyar su referente comunicativo. No. Aquí el texto se adosa a ella como una verdadera bomba lapa. El texto cuestiona el referente convencional que automáticamente adjudicamos a la imagen que acompaña. En manos de Marker un puño deviene mano cortada, el primer plano de una mujer africana la revelación única e incomparable de la sensualidad femenina y una imagen de televisión la catarsis de la posguerra de todo un pueblo. Marker/Krasna... el cineasta escondido, el pensador, el ensayista. Marker el poeta que ama la cultura rusa tanto como para ser el mayor de los seguidores del cine de Tarkovski, otro gran maestro. Sans soleil es una de las mejores muestras de lo que un genio de este calibre puede conseguir en la pantalla. |





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