Relámpago sobre agua  (Wim Wenders y Nicholas Ray, 1980)

La filiación escenificada

Un texto de Alex Thurman

En 1979 Wim Wenders acudió al loft neoyorkino en el que residía Nicholas Ray. Se habían conocido un par de años antes, durante el rodaje de El amigo americano (1977). La idea era establecer una colaboración de cara a un proyecto futuro. Sin embargo, ante el avanzado estado del cáncer de Ray, a quien le quedaba muy poco tiempo de vida, ambos comprendieron que no había tiempo para preparar nada. Así que juntos decidieron hacer una película entre la ficción y el documental que sirviera para registrar las últimas horas del director de Rebelde sin causa (1955) y Johnny Guitar (1954).

En Relámpago sobre agua vemos por tanto a Nicholas Ray en el momento del alba, rodeado por buenos amigos, haciendo cine hasta el final (como corresponde a un hombre de Cine), luchando por restablecer una dignidad que había perdido por su temperamento de eterno enfant terrible. Relámpago sobre agua registra la muerte de Ray. La muerte del cine.

Sin embargo, la película presenta otras cualidades a destacar. Una es la fusión del vídeo (urgente, descarnado) con el cine, algo que supuso toda una ruptura en su momento. Otra, la escenificación de la filiación. Por primera vez maestro y alumno, padre e hijo cinematográficos, se ponían delante de las cámaras para representar en una película la transmisión generacional de una forma de comprender el cine. El riesgo que asumieron ambos fue absoluto. Por eso Relámpago sobre agua es tal vez la película más valiente de la historia del cine.





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