Bellissima  (Luchino Visconti, 1951)

Luchino Visconti, la realidad como arte

Un texto de Giorgia Del Don

Bellissima Anna Magnani, musa de lo que fue el cine italiano post fascista, al mismo tiempo mujer desesperada en Roma cittá aperta (Rossellini), encarnación del alma de una ciudad en Mamma Roma (Pasolini) o proletaria exaltada en Bellissima (Visconti). Esta increíble mujer supo encarnar, a través de sus personajes, las distintas y complejas caras de la sociedad italiana después de la caída de Mussolini. Uno de los realizadores que supo aprovechar al máximo sus potencialidades artísticas fue justamente el genial Visconti, personaje controvertido y crítico frente a la sociedad en la que vivía, que nunca dejó de creer en su propia visión del cine y que siempre fue fiel a su personal mirada sobre la actualidad. Es justamente esta postura, esta fusión del arte y de la realidad, que fue procesada y que muchos críticos de la época definieron como falsa por demasiado estilística. Bellissima es un ejemplo perfecto de su idea del cine como ‘espejo de la sociedad’, reflejo artístico de la gente que vivió durante su época. El Neorrealismo Italiano se basa justamente en el dilema: cómo representar la realidad a través del cine, cómo dejar una imagen de lo que fue la sociedad italiana de post guerra sin traicionar la Historia. La postura escogida por muchos realizadores, Rossellini en primer lugar, fue la de la ‘ilusión de la realidad total’; estos artistas creyeron, en efecto, en la capacidad del cine de captar lo real sin mutaciones. Visconti nunca creyó en esta visión del cine y, al contrario, siempre fue fiel a su ideal, la ‘realidad del arte’. Durante su vida, investigó con determinación el medio cinematográfico, la única arma que tenía para comprender la realidad en la que vivía. Anna Magnani fue la actriz que encarnó en sí misma esta paradoja de la ‘realidad del arte’, de la representación de la actualidad a través de las características propias del séptimo arte. Bellissima, así como ‘la Magnani’, nos guían en este mundo fantástico, una mezcla atípica de comunismo y aristocracia que continúa siendo moderno e intrigante después de medio siglo.













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