Realidades

Un texto de Cloe Masotta

Ante las más de cien proyecciones del Festival Internacional Documental – Docúpolis 09 uno puede sentirse un poco atorado. ¿Qué ver? ¿Qué criterio de elección seguir? Lo primero que nos llama la atención son algunos cambios en la programación de este año que tal vez reducen la variedad de las propuestas. Es así como caen algunas secciones presentes hasta Docúpolis 08 como la retrospectiva de país, Delicatessen, festival de festivales y Rescate, y se incorporan secciones nuevas como una monográfica temática, consagrada en esta edición a la locura, y la sección Pulsión, un espacio destinado a dar voz a colectivos que llevan a cabo una labor social ligada al audiovisual, como los seleccionados de este año: Connectats y el Programa de Radio Tots x Tots que proyectó su muestra de documentales solidarios.

Han sido siete días intensos. Me ha llenado de dicha ver el Hall del CCCB hasta los topes no sólo en las sesiones como la de apertura o clausura de Docúpolis sino durante muchas otras de las proyecciones como la de Off Docúpolis del sábado. Siempre es distinto el ambiente que se respira en este espacio y el del Auditori. En el Hall, que es gratis, hay los que pasan por aquí a ver qué se cuece y a veces se quedan y otras desisten. Los que pagan por las sesiones del Auditori tienen más aspecto de estudiantes de cine, o amateurs que tienen bastante claro lo que vienen a ver… En cualquier caso, lo que me viene en mente ante ese público variopinto es, ¿qué le pide hoy un espectador al género documental? O, yendo un paso más allá, ¿qué debemos exigirle? ¿Qué cabe esperar hoy de él?

En el prefacio a Ver y poder, Jean–Louis Comolli nos invita a preguntarnos ¿a qué otro presente –no el de los reality ni el del mundo utópico de la publicidad– puede darnos acceso el cine documental? ¿Qué tipo de discurso sobre el presente, sobre nuestro mundo histórico debe ser abierto por el documental? A continuación el teórico y realizador francés se centra en la cuestión de cómo representar nuestro tiempo sin alimentar la misma feria de las vanidades de que forman parte muchas de las imágenes que circulan ante nuestros ojos cada día en las miles de pantallas de televisión que transmiten incansables su propia versión de lo que pasa en el mundo. [1] Son cuestiones esenciales al abordar un festival como Docúpolis 09. Pues lo que descubriremos en muchos casos es que esa “espectacularización de la realidad” a la que parece aludir Comolli está al orden del día en muchos de los documentales que se han proyectado a lo largo de esta semana en el CCCB.

A pesar de lo cual, como veremos, también hemos podido disfrutar de piezas de gran calidad. Hoy más que nunca son necesarias iniciativas como la de Docúpolis. Puesto que el documental, como muy bien define Ignacio Agüero, el realizador al que se ha consagrado la retrospectiva de autor de este año, es aún un espacio de libertad creativa en que, al margen de ciertas imposiciones de la industria cultural vigente, se puede pensar nuestra realidad. Por eso son necesarios espacios de proyección como el de Docúpolis.

Concurso internacional. Una mirada sobre la historia reciente

Los films seleccionados para la Sección Oficial abren cierta interrogación en torno a la programación pues de las doce piezas seleccionadas que optan al premio al mejor documental nueve pertenecen al ámbito de habla hispana. Además este año la balanza se decanta por películas en que cobra una fuerte presencia la temática social. Desde la reflexión sobre la tortura en Sous la cagoule, un voyage au bout de la torture (2008) a Tapólogo (2008) que documenta la realidad de Freedom Park, un asentamiento en Sudáfrica donde un grupo de mujeres infectadas de VIH ponen en marcha un proyecto de solidaridad y resistencia, los films candidatos al mejor documental se decantan por la denuncia de la injusticia o por la revisión de la historia reciente desde distintas propuestas narrativas y formales y perspectivas más o menos subjetivas.

Por ejemplo, Siete instantes (2008) de Diana Cardozo, galardonada con el Premio Docúpolis al mejor documental, que había pasado ya por la 17.ª Muestra de Cine de Mujeres con un éxito rotundo para el público, que se volcó en un sustancioso debate tras la proyección del film en el que pudimos gozar de la presencia de su realizadora. Por eso no nos ha sorprendido que de forma unánime el jurado haya premiado a esta pieza de la realizadora mexicana que retrata la realidad de la guerrilla tupamara a partir de un sustancioso entramado de entrevistas a algunas mujeres integrantes del grupo revolucionario. Junto a los distintos testimonios, la realizadora se acerca a los espacios ya abandonados, testigos mudos del movimiento de guerrilla urbano. Es así como en la interesante propuesta de Cardozo es la palabra la que cobra protagonismo. Una palabra, cómo no, encarnada en rostros y cuerpos que, atravesados por el torrente de recuerdos, reaccionan ante la mirada de la cámara.

Distinto es el acercamiento de la ópera prima de Juan Mandelbaum a la historia de su país. En Nuestros desaparecidos (2008), que se lleva el Premio Honorífico Derechos Humanos a la historia de la dictadura argentina de los años setenta y ochenta. Exiliado en EEUU desde 1976, el realizador narra en primera persona el descubrimiento de la muerte de una antigua amante en Google, el motor de su regreso al país. Es así cómo el que se describe como observador distante de los sucesos desde su refugio americano inicia un emotivo viaje a su país y a ciertas heridas aún abiertas de su historia. Otro acercamiento a la historia del siglo XX lo ha ofrecido Hollywood contra Franco (2008), primera incursión en el documental de Oriol Porta. Al hilo de la biografía de Alvah Bessie, guionista de Hollywood y combatiente republicano, se despliega la historia de la representación cinematográfica de la Guerra Civil en Hollywood, siempre entrelazada con la propia realidad estadounidense. Pese al foco de interés que abre la reflexión sobre cine y política, creemos que hay varios ingredientes que no terminan de cuajar como la ficcionalización de la presencia de Bessie, ya fallecido, en forma de voz en off, y una estructura totalmente subsumida a la vocación didáctica del documental, que se vuelve un tanto tediosa.

Sólo obras como Antoine (2008), de la canadiense Laura Bari, o Havanyork (2009) parecen desmarcarse de estos documentales de temática eminentemente social que se han propuesto revisar la historia reciente, sea desde un punto de vista autobiográfico, sea desde la idea de reflejar con un discurso más cercano al estilo indirecto la memoria colectiva de un país. El Premio Tercer Ojo al Mejor Documental ha recaído en Antoine, un poético documental, la representación del imaginario de la infancia con una estética cercana al cine experimental. El film narra las peripecias de Antoine, un niño ciego que juega a ser detective y nos propone vivir el lado más lúdico de la representación en encuadres de gran belleza en que la luz, el color, las formas y el sonido cobran un protagonismo absoluto en una experiencia plenamente sensorial. En Havanyork Luciano Narrobina nos invita a acompañarlo en su búsqueda de las raíces del hip–hop en la Habana y Nueva York. El realizador se convierte en la pieza en un incorpóreo narrador omnisciente que, a partir de una propuesta formal inspirada en el videoclip y en la propia estética del hip–hop, nos guía a través de un recorrido por las dos ciudades y de una música que bebe de los espacios en los que se origina.

Este año el Premio del público recae sobre Mundo Alas (2009), de León Gieco, Sebastián Schindel y Fernando Molnar, que fue también el documental elegido para abrir el festival. Una elección consideramos que un tanto desafortunada. El título del film es el nombre del espectáculo ideado por el popular músico argentino León Gieco. Su estructura narrativa inspirada en las road movies nos acerca a la gira de Gieco junto con una serie de artistas que presentan diversas discapacidades físicas y psíquicas. Nos hallamos ante un producto más cercano a un descafeinado reportaje televisivo que a un documental para la gran pantalla, y no es en vano que la pieza forma parte de un proyecto más amplio que incluye la publicación de un disco y de un programa de televisión.

Otras miradas. Secciones paralelas

En esta edición el premio Ópera Prima ha sido para Harvesting the Wasteland (2008), el retrato de tres generaciones de la familia Lykken que viven en una granja de Noruega, totalmente aislada en medio de un paisaje desoladoramente hermoso. No sólo nos hallamos ante una sosegada reflexión sobre la vejez y el paso del tiempo y sobre los lazos familiares, a partir del seguimiento de la evolución del paisaje y los rituales del trabajo en la granja durante las cuatro estaciones. Las realizadoras Karoline Grindaker y Hilde K. Kjos consiguen expresar la atmósfera opresiva que puede surgir entre la nuera y la suegra de 96 años que llevan media vida compartiendo el mismo techo. En el momento en que la más joven manifiesta su decisión de separarse de su marido, surge la posibilidad de cómo la presencia de las realizadoras, de la cámara, podría operar en las dos mujeres un cambio respecto a la manera de ver sus vidas. Entonces, el espectador siente que algo late en el espacio entre el objetivo de la cámara y la intimidad de los personajes.

El Premio Off Docúpolis recae en Crude (2009), de John Berlinger, que llega a Docúpolis después de cosechar varios premios y haber pasado por Sundance. Nos hallamos ante un documental de marcado carácter político y militante que pretende ser el testimonio del proceso judicial de unos pobladores ecuatorianos del Amazonas, primero a Chevron, después a Texaco. Se suceden las imágenes del proceso, con entrevistas a las distintas partes implicadas, salpicadas aquí y halla con imágenes de archivo de la conversión de la selva en zona industrial, y también con testimonios de las víctimas.

Nos preguntamos si es necesario apelar a las bajas emociones de los espectadores incluyendo testimonios como el de la madre que llora desconsolada porque no puede costear los gastos para tratar el cáncer de su hija. Sin mucho pudor la cámara se planta ante su rostro deshecho en llanto mientras nos cuenta como sus gallinas bebieron agua contaminada. En el siguiente plano vemos a su hijo lanzando al campo los cadáveres de los animales. Aunque sea por un buen fin, o en pos de una supuesta concienciación política de los espectadores, los tintes demagógicos que toman ciertos documentales como Crude nos dan bastante grima. Hay algo impúdico en la manera de tratar ciertos temas. Y la idea de Comolli, que entronca con la teoría de Debord sobre la sociedad del espectáculo, de espectacularización del presente vuelve a aparecer con fuerza.

Lo mismo nos sucede con el modo en que Juan Rulfo relata en Los que se quedan (2008) la realidad de la inmigración mexicana a Estados Unidos, no desde el punto de vista de que se ausentan sino de los que se quedan en su país. Ante piezas como ésta, que se lleva el Premio al mejor documental latinoamericano, nos hallamos ante el polémico posicionamiento del realizador del cine documental no sólo respecto a las temáticas elegidas sino ante todo en lo que atañe a los protagonistas. Y hay en films como el de Rulfo cierta posición jerárquica o demiúrgica del realizador que convierte a los personajes o actores sociales de los documentales en títeres o marionetas al servicio de la representación.

Además de los documentales presentados en las secciones Off Docúpolis y Ópera prima destacamos la recuperación, en la sección temática consagrada la locura, de La Osa Mayor menos dos (2005) de David Reznak, premiada en la 12.ª edición de l’Alternativa en 2005. El realizador filma a lo largo de un año y medio a los internos del psiquiátrico del Leganés. Por un lado la Unidad de Rehabilitación, de estancia temporal y en que la media de edad de los pacientes es de unos 30 años, nos lo indican unos sobrios intertítulos al inicio del film; por otro, aquellos que han pasado su vida entre las paredes del psiquiátrico, los integrantes de la Unidad Residencial. La cámara de Reznak nos regala imágenes de gran riqueza, un retrato de la locura en que el cineasta toma la distancia justa para mostrarnos la cotidianidad de los pacientes. Una verdadera lección de buen cine documental. En Versió Catalana nos ha llamado la atención la ópera prima de Miquel Galofre, Why do Jamaicans run so fast. Con un realizador curtido en el ámbito televisivo, el documental apuesta por una estructura y estética cercanas al videoclip para explorar el fenómeno jamaicano de los Juegos Olímpicos del 2008 en Pekín. Nos gusta el uso de intertítulos que sustituyen a la tradicional voz en off así como el modo en que el film refleja la relación entre la música jamaicana y el atletismo como fenómenos culturales, sin cerrar los ojos a la dura realidad de un país con altísimos índices de pobreza y violencia.

“¿Dónde termina la vida verdadera y empieza la inventada?” Nos interpela a los espectadores la voz en off de John Arthur Geall, la promesse (2008), un espléndido documental de L. M. Formentin que, en la estela de Cravan vs. Cravan (2002) de Isaki Lacuesta, tensa al máximo la difícilmente definible frontera entre ficción y documental a partir de la biografía de un fascinante escritor inglés… que nunca existió. De entre todas las películas de Docúpolis 09 nos quedamos con ésta, tal vez la más alejada de las definiciones al uso del género documental y, al mismo tiempo, la que más nos acerca a la necesidad de un cine que se haga cargo de nuestro presente, también a partir de la reflexión sobre el propio medio y sus recursos para mostrar lo real. Pues al fin y al cabo, si vivimos en lo que el citado Debord denominó como “sociedad del espectáculo”, o Baudrillard “la era del simulacro”, tal vez sólo sea posible pensar nuestra época en y desde las imágenes.

Palmarés

Premio al Mejor Documental Docúpolis’09
Siete Instantes (2008), de Diana Cardozo (México)

Premio Ópera Prima
Harvesting the Wasteland (2008), de Karoline Grindaker & Hilde K. Kjos (Noruega)
Mención especial
Valli Baar (2008), de Manfred Vainokivi (Estonia)

Premio Off Docúpolis
Crude (2009), de Joe Berlinger (Estados Unidos)

Premio Tercer Ojo al mejor documental experimental
Antoine (2008), de Laura Bari (Canadá)

Premio Derechos Humanos
Juan Mandelbaum, por Nuestros Desaparecidos (2008, Estados Unidos)

Premio Mejor Documental Latinoamericano
Los que se quedan (2008), de Juan Carlos Rulfo & Carlos Hagerman (México)

Premio del Público
Mundo Alas (2009), de Leon Gieco, Fernando Molnar & Sebastian Schindel (Argentina)


Notas:

1. “En tiempos de los videoclips, de los videojuegos, de los spots publicitarios, de los reality shows, ¿qué debemos hacer con el cine? A la hora de las simulaciones, de los oráculos, de los argumentos, de los sondeos de opinión, de las previsiones y de las precauciones, ¿a qué otro presente puede conducirnos el cine documental?... Ante los mil millones de pantallas de televisión encendidas noche y día alrededor del mundo, ¿cómo hablar, decir, escuchar, cómo ver, inclusive, lo que nos sucede y cómo representarlo sin agregar la vanidad de un ruido al ruido de las vanidades?”. COMOLLI, J–L., Ver y Poder. La inocencia perdida: cine, televisión, ficción, documental. Buenos Aires, Aurelia Rivera, 2007. Pág. 43. [Volver arriba]

























































































































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