Un condenado a muerte se ha escapado  (Robert Bresson, 1956)

Un texto de Carlos Balbuena

Un condamné à mort s´est échappé ou Le vent souffle où il veut o Un condenado a muerte se ha escapado, es sólo la quinta película de Robert Bresson y, sin embargo, en ella ya está contenida toda la esencia de su estilo, ese estilo bressoniano austero (que no pobre, por supuesto) y esquemático hasta la desesperación, pendiente siempre de la mínima expresión de las cosas, ese estilo que es “estilo puro” y que, contrariamente a lo que suele suceder cuando se trata de estilo, se caracteriza por la ausencia absoluta de retórica o, en todo caso, dándole la vuelta a la tortilla, podríamos decir que la retórica del “estilo Bresson” es la de lo “esencial”. En su imprescindible libro de reflexiones sobre el cine Notas sobre el cinematógrafo (1975), entre cientos de frases lapidarias y lecciones magistrales sobre la práctica del cine, Bresson escribe con letras de oro: “Construye tu película sobre lo blanco, sobre el silencio y la inmovilidad”. Y con eso queda dicho todo.

No hace falta entrar en detalles sobre la nimia anécdota argumental de Un condenado…, el título de la película, no por casualidad, ya es suficientemente explícito al respecto. Pero no es en el argumento donde se la juega Bressón, aunque sí en el desarrollo argumental, en cómo convierte la mínima expresión de la acción en una compleja maraña de acciones apasionantes. A partir de la minuciosa descripción de lo físico, de las puras acciones repetidas hasta la saciedad, Bresson nos conduce en un viaje fascinante por el itinerario espiritual, intangible de un personaje, Fontaine, el condenado a muerte del título, en su incansable, meticuloso y obsesivo intento de fuga, ayudado únicamente por sus manos (hábiles, precisas, portentosas manos que Bresson utiliza para presentarnos a Fontaine en la secuencia inicial), su insistencia y los designios del azar.

Lo que a Bresson le interesa de la peripecia de Fontaine es más el cómo que el qué. Se trata de investigar las posibilidades estéticas de lo mínimo, de la ausencia, del abismo de un tiempo inmóvil que, sin embargo, apremia (tiempo inmóvil y apremiante reflejado con extraordinaria lucidez a partir de la sucesión de fundidos a negro y fundidos encadenados). De explorar las posibilidades, en fin, de ese blanco, ese silencio y esa inmovilidad que Bresson enumera como elementos esenciales para construir una película. Un condenado… es una obra erigida para dar fe de eso tan ambiguo que es la poética del silencio o, como mucho, del susurro, del rumor en off procedente de un fuera de campo tan denso que contamina con su presencia cama milímetro del encuadre.

Sí, el off, el susurro, el rumor, el fuera de campo: todo ello nos remite irremediablemente al extraordinario tratamiento sonoro de Un condenado…. Dejando aparte la significativa y recurrente utilización del fragmento de La misa en do menor de Mozart que Bresson utiliza para representar la ritualización de las actividades repetitivas en la prisión, lo que le da al conjunto una unidad narrativa temporal y espacial es, precisamente, la compleja amalgama de sonidos con que Bresson llena las grietas de los angustiosos vacíos. Tan relevante es el sonido en esta película que en no pocas ocasiones los distintos niveles auditivos no sólo complementan a la imagen, sino que directamente la sustituyen, llegando incluso a crear espacios en la mente del espectador que jamás llega a ver a lo largo de la película.

Un condenado a muerte se ha escapado es una obra temprana de Bresson, pero que contiene todo lo esencial de su obra. El director de Mouchette llegó a depurar su cine hasta límites extraordinarios a lo largo de las nueve películas que siguieron a esta, pero básicamente estaba todo aquí, en su quinta película, que con toda justicia ganó el premio al mejor director en Cannes y que consolido el reconocimiento mundial de uno de los directores que más ha aportado a la evolución del lenguaje audiovisual. Se trata de una obra compleja y profundamente sugerente, dotada de una modernidad asombrosamente osada; un festival de imágenes y sonidos tan sugerente como denso y complejo. Con todos los logros que a partir de esta película conseguiría Bresson a lo largo de su carrera, seguramente sigue siendo “Un condenado a muerte se ha escapado”, la obra de referencia de un autor en el sentido más amplio del concepto.

Un condenado…, es el primero de los tres films de Bresson que Intermedio ha editado recientemente en DVD (los otros dos son Pickpocket y Lancelot du lac). Ya hemos enumerado aquí algunas de las infinitas razones por las que esta película merecía una edición en DVD, y ésta que intermedio ha lanzado, sin ser ninguna maravilla, tiene ingredientes interesantes. Para empezar, el hecho de que se pueda disfrutar de la película en condiciones de calidad más que aceptables. Y en cuanto a los extras: pocos, pero apetecibles. Además de las consabidas biografías, filmografías, fotos y demás complementos imprescindibles, esta edición de Intermedio cuenta con un análisis de la película a cargo de un cineasta tan “bressoniano” como Jaime Rosales, titulado Rememorando Un condenado a muerte se ha escapado. El director de la imprescindible Las horas del día hace una interpretación más melancólica y emocional que precisa y rigurosa, pero no por ello menos interesante. Rosales cuenta cómo, siendo estudiante en la escuela de cine de Cuba, descubrió a Bresson, y esta película en particular, y cómo este descubrimiento ha marcado su breve pero interesantísima filmografía.

Santiago Fillol y Nuria Bou son la otras “estrellas” del DVD, al realizar un curioso e interesantísimo montaje audiovisual titulado Fuga en fuera de campo que gira alrededor del análisis del funcionamiento de esa figura estilística que Bresson dota de significado casi metafísico. El montaje se centra en la paradigmática escena del ataque al guardia en el momento de la fuga, pero es extensible a toda la película. El tratamiento que Bresson le confiere al fuera de campo, según Fillol, Bou y, por supuesto, el que suscribe, tiene algo de perturbador, de sugerente y enigmático.

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