Adventureland (Greg Mottola, 2009) Cuando se rompe la burbuja, cuando aceptas que se ha roto Un texto de Xavi Torrents ¿Quién no ama el alma juvenil de los 80? O mejor dicho, ¿quién no siente aún en una parte de su ser esos años 80? No se trata simplemente de una década a recordar, sino de un estado emocional, de una parte de nuestra conciencia en la que se advierte el sentimentalismo inocente y primigenio, poéticamente pleno en su simpleza. El otro día un buen amigo mío me dijo que él aún está viviendo en los 80, a lo que yo respondí con una carcajada. Sin embargo, ¿quién no ha quedado marcado por esas extrañas amistades sinceras, únicas e irrompibles y por ese amor juvenil que sirve para abrir los ojos y ver el mundo que nos rodea en su versión real, difícil y quizás dolorosa? En un momento de nuestras vidas llega ese instante en el que nos toca romper la burbuja en la que vivimos desde la infancia, protegidos e ignorantes de lo que realmente acontece fuera de ella. A veces la rompemos por propia voluntad, a veces simplemente estalla en nuestra cara y superamos las consecuencias lo mejor que podemos. Adeventureland se centra en ese momento de burbuja estallando y lo representa con una historia ambientada en esta década ochentera, la historia de un trabajo de verano precario en un parque de atracciones que se convierte en una profunda experiencia de aprendizaje vital acerca de las relaciones humanas, de la amistad, de la fuerza de voluntad, de los sueños raídos y sobretodo del amor. Porque aunque el director de esta magnífica película, Greg Mottola, sea el mismo de la fresca y divertida Supersalidos (2007), no nos equivoquemos, esta historia de verano en un parque de atracciones no es una comedia, es pura y sencillamente una gran historia de amor.
La película arranca con un primer plano del protagonista James observando a una chica que en breves segundos está a punto de cortar con él. Este chico inexperto, inocente y extremadamente sensible es el alma y motor de la película, y ya simplemente en estos primeros minutos Greg Mottola demuestra cómo es capaz de hilvanar estos empáticos primeros planos con unos diálogos directos e intuitivos, consiguiendo brillantemente conquistar al espectador desde el minuto cinco. Obviamente no olvidemos incluir en la ecuación la magnífica interpretación del actor que da vida al protagonista: un Jesse Eisenberg (Zombieland, Ruben Fleischer, 2009) al que podemos ver casi como un hermano gemelo del gran Michael Cera, muchos ya esperan una película en la que los junten a ambos. Así da comienzo Adeventureland y en seguida nos vemos inmersos en todo el esplendor sentimental de los 80, sobretodo por la soberbia banda sonora del film: The Cure, Lou Reed, The Velvet Underground, Big Star, David Bowie, son algunas de las joyas que envuelven a los personajes a lo largo de la trama y que transportan al espectador hasta esos años, pero no sólo a nivel contextual histórico, sino que la música del film funciona como entramado emocional que construye livianamente una atmosfera cinematográfica en constante y perfecto equilibrio con el arco narrativo y sus personajes. Ejemplos de ello son la divertida secuencia en la que James y sus compañeros, estando un poco colocados, empiezan a disfrutar de ese precario parque en el que trabajan hallando así un momento pleno de felicidad y libertad, mientras de fondo The Cure canta su Just like Heaven estructurando intrínsecamente el divertimento de toda la secuencia. Otro ejemplo también es cuando The Outfield hace sonar su Your Love en la secuencia en la que el compañero de trabajo de James, Joel (un brillante Martin Starr), es tristemente rechazado por una chica con la que parecía tener posibilidades de éxito, en esa escena la banda sonora es dulcemente cruel haciendo hincapié en el vacío del personaje.
Estos personajes que rodean a James no hay que olvidarlos ni mucho menos, pues su construcción posee un trabajo muy elaborado con el que se consigue un notable equilibrio entre presentar unos personajes ligeramente estereotipados y darles un trasfondo de potente y dura realidad. El personaje de la chica de la que James se enamora, Em, interpretado por una muy correcta Kristen Stewart bastante alejada de sus tediosas interpretaciones en la saga Crepúsculo (lo cual se agradece muchísimo), es un personaje femenino bien estructurado, con una evolución bien enmarcada en el arco narrativo que rebosa de experimentada realidad, sobretodo en su mirada, y que choca consecuentemente con la inocente mirada inexperta de James. Hacer mención también a una de las gratas sorpresas de la película: el interesante e importantísimo personaje de Ryan Reynolds que, notablemente construido, ayuda a acabar de hacer estallar la burbuja ante los ojos de James. Es así como Adeventureland se aleja levemente de la comedia de la factoría Apatow (y por tanto de las expectativas con las que vamos a ver el film) y al mismo tiempo es capaz de ir muchos pasos más allá de las ingenuas y superficiales comedias románticas juveniles al uso. James descubre el amor al darse cuenta de que debe aceptar el camino en el que está, el camino que ha ido escogiendo; aceptar que la burbuja se ha roto, que el mundo ya no es como era antes, que ahora se trata de un mundo real, un mundo que puede hacer daño. Madurar no es ser autorreferencial con uno mismo, sino aceptar el sitio al que uno ha llegado, aceptarlo y no lamentarse de cómo se ha llegado ahí, aceptarlo y a partir de ahí ir hacia delante, viviendo el camino. Adeventureland acaba con James y Em mirándose dulcemente a los ojos, a punto de estar más juntos de lo que han estado nunca, mientras la lluvia cae sin cesar y ellos entienden que su vida está ahí, en ese camino en el que han acabado y que han logrado aceptar. A partir de ese instante de silencio y ternura lo que les queda a estos dos personajes es sencillamente todo. Se corta a negro y los créditos finales cierran este admirable film con los eternos Inxs y su Don´t Change; pues eso, no cambiéis años 80, seguid acompañándonos toda la vida. |










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