El otro  (El otro, Ariel Rotter, 2007)

Miedo a ser papá

Un texto de Covadonga G. Lahera

Hay varios modos de descubrir, habiendo practicado lo suficiente, si estamos dentro de un sueño o no. Los bautizados como “onironautas” apuntan diversas estratagemas que uno puede ir desarrollando en su vida cotidiana: contarse los dedos de la mano y comprobar que suman cinco, observar que el tamaño de dichas extremidades es normal –en el “universo Gondry” suelen aparecer ejemplares gigantes-, saltar y que el resultado no sea desorbitante, mantener la respiración para comprobar si nuestro aguante es ilimitado o no, identificar objetos inusuales o la colocación de cosas en lugares poco frecuentes... Cuando uno alcanza cierta soltura con estas tácticas en la realidad, es capaz –dicen- de trasladar el hábito a su territorio onírico.

El otro –ganadora del Oso de Plata en la Berlinale de 2008 y galardonada también la interpretación de Julio Chávez- se desarrolla en un contexto aparentemente realista, pero van surgiendo algunos elementos extraños que pueden conducir a interpretarlo de otro modo. ¿No es entonces el viaje físico e interior que emprende Juan Desouza, su protagonista, un sueño donde quedan expuestos sus principales temores? En este sentido, el guión parece marcar su naturaleza ambigua apuntando como significativa la ausencia de un elemento realista. A Desouza, en plena suplantación, nunca le solicitan documentos oficiales que le identifiquen, ni en el primer motel donde para, ni en el hotel donde se aloja después. Únicamente, en el regreso final a casa. Así va suplantando tímidamente a otros, extraños y desconocidos, a raíz de su miedo a la paternidad y a la vejez.

Sueño o realidad, el tema eje de El otro es la crisis de identidad del protagonista, abogado bonaerense, casado, y sus consiguientes y puntuales fugas de sí mismo durante un viaje laboral. La puesta en escena va recalcando la procedencia subjetiva de lo que vemos, la transición del protagonista desde un estado de oscuridad, soledad y/o anestesia, allí donde los espejos le devuelven una imagen donde se ve, pero no sabe. En esa línea, el filme nos lo ha presentado graduándose la vista, como un anticipo de la reorientación de la mirada a la que asistiremos. Rotter activa también un interesante tratamiento de los espacios para subrayar ese singular estado real/mental.

El inicio de la madurez y la superación de los temores llegan a partir de las experiencias relacionadas con la muerte que vive el personaje: un padre anciano incapaz de valerse por sí mismo, su contemplación de la tercera edad en lugares públicos, el compañero de autobús que muere durante el trayecto y a cuyo velatorio acude, la anciana del hotel a la que Desouza devuelve a la vida en un golpe de azar y de suerte... El filme de Rotter –su segundo largometraje tras Sólo por hoy (2001)- añade como subtrama la representación de los deseos carnales de Desouza, donde también palpitan sus miedos hacia el compromiso conyugal y paternal y hacia la pérdida de la juventud. Por un lado, la mujer que primero persigue y que luego le persigue a él –en cuyas imágenes late Antonioni, además de que el planteamiento del filme liga con El reportero (1975)-; por el otro, la recepcionista del hotel donde se aloja. Además, el momento “voyeur” mirando a unas adolescentes bañándose en un lago.

El otro contiene algunas secuencias bien construidas e inquietantes, como el tramo nocturno en la carretera con un Desouza desorientado y sobrecogido. Por momentos, sin embargo, se empeña demasiado en subrayar vínculos y metáforas (el vientre, la vida; los pies, la muerte) restando intensidad y ritmo. Quizá la ambigüedad planteada en el inicio origina unas expectativas que no llegan a cumplirse al acabar concretándolo todo demasiado y por eso sólo logra un vuelo raso entre el yo y el subconsciente.

Una curiosidad a subsanar a posteriori: visionar El otro como integrante de una trilogía atípica, de relatos mínimos y minimalistas firmados en la Argentina reciente y con el actor Julio Chávez como denominador común dando vida a tres personajes en crisis, diferentes, pero parecidos [1]. Los otros dos títulos: Extraño (Santiago Loza, 2003) y El custodio (Rodrigo Moreno, 2006).


Notas:

1. Leer a este respecto el interesante artículo “La era de la madurez”, de Nazareno Brega, publicado en esta misma revista. [Volver arriba]

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