Los crímenes de Oxford  (The Oxford murders, Álex de la Iglesia, 2008)

Fría imferpección

Un texto de Evaristo Martínez

La filmografía de Álex de la Iglesia siempre ha mostrado, en mayor o menos medida, dos aspectos bien reconocibles que son una virtud y un defecto o viceversa, según las filias y fobias de cada cual. Por un lado, el director bilbaíno ha sabido captar los códigos del cine de género -del ‘thriller’ al ‘western’ pasando por el fantástico- e hispanizarlos, dibujando personajes en tránsito entre el país de la picaresca y la patria del esperpento. Por otro, sus historias -y aquí hay que llamar a declarar a Jorge Guerricaechevarría, cómplice en todos sus guiones- van a morir en un festival de excesos que dinamita buena parte de los méritos acumulados a lo largo del metraje. Estos rasgos unidos al humor negro, una estética que conecta con el mundo del cómic y referencias que demuestran una vasta cultura cinéfila/cinéfaga trazan el retrato robot de un director con nombre y estilo propio dentro de la cinematografía española, tan reconocible por el gran público como puedan serlo Almodóvar o Medem.

Por eso sorprende que Los crímenes de Oxford, a pesar de ser un trabajo de encargo, apenas deje asomar la poderosa personalidad de De la Iglesia y se asemeje más a un rutinario filme que bien podrían haber firmado Ron Howard o Gore Verbinski. Es decir, una película de factura notable, con un cuidado diseño de producción, que se sigue con poca pasión, sin aburrir pero tampoco enganchar, y cuyo recuerdo se desvanece al poco de encenderse las luces de la sala, como uno se olvidaba de las integrales al dejar el bachillerato.

Hay algún guiño al cómic V de Vendetade Alan Moore y en la grotesca caracterización de un personaje secundario-, alguna referencia al Hitchcock de Vértigo o Frenesí, una dosis de (¿forzado?) erotismo más cercano al gusto mediterráneo que al norteamericano y poco más con el sello De la Iglesia. No hay una mirada irónica sobre los británicos ni el acostumbrado desparrame final; más bien al contrario, todo es contención y frialdad, muy ‘british’, eso sí.

La adaptación del libro del argentino Guillermo Martínez es bastante fiel y sigue un esquema similar a su homónimo literario, una escueta y entretenida novela que mezclaba problemas lógicos, filosofía y asesinatos con regusto a Agatha Christie. Al igual que en el original del que bebe, el filme se postula como un problema matemático, con planteamiento, desarrollo, hipótesis, resolución, error y nueva, y definitiva, solución. Pero en vez de apuntalar los aspectos más débiles de la novela, Guerricaechevarría y De la Iglesia introducen algunas variables en la ecuación que no terminan de resolver el problema. En cierto sentido, y salvando las distancias, Los crímenes de Oxfordcomete los mismos errores que la versión fílmica de El código Da Vinci, siendo demasiado discursiva por momentos y racaneando informaciones que harían más comprensibles los comportamientos y reacciones de los personajes. No se entiende de otra forma cómo Elijah Wood es capaz de conquistar con apenas un par de frases a las dos chicas de la película ni cómo se ficha para un rol con tan poca presencia en pantalla a un tipo que puede dar tanto juego como Dominique Pinon.

Por tanto, no puede decirse que la segunda incursión de Álex de la Iglesia en el mercado internacional sea, como se ha dicho en algún medio, su peor trabajo pero sí estamos ante una película sumamente plana para lo que se espera de un realizador que es bandera de la cinematografía española actual. Bien es cierto que en Los crímenes de Oxford, el oficio de De la Iglesia brilla en momentos puntuales, como en el primer encuentro entre John Hurt y Elijah Wood o un plano secuencia, tan brillante como falso, que sigue los caminos cruzados de los personajes de la historia: dos secuencias que dejan patente el potencial visual y dominio de la técnica del cineasta vasco y que contradicen el tono general de la cinta, gris y anodino.

Tras la fría acogida crítica y comercial de la muy personal 800 balasy el posterior, aunque también discreto, éxito de Crimen Ferpecto, y tras firmar para la televisión La habitación del niño -quizás su trabajo más equilibrado hasta la fecha-, Álex de la Iglesia ha jugado sobre seguro con una película que se beneficia del gancho del ‘best seller’ en que se basa, así como de su reparto internacional, con un siempre formidable John Hurt y unos atractivos Elijah Word, Julie Cox y Leonor Watling, de quien explota su lado más sensual. A juzgar por el rendimiento en taquilla, Los crímenes de Oxfordotorga a De la Iglesia el crédito suficiente para afrontar el que parece será su próximo proyecto, ‘La marca amarilla’, adaptación de los cómics de Blake y Mortimer, terreno en el que con certeza se siente más seguro y que quizás sirva para desplegar, otra vez a lo grande, su incontestable pero a veces incontrolado talento cinematográfico.

















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