Después de la boda  (Efter brylluppet, Susanne Bier, 2006)

A flor de piel

Un texto de Giorgia Del Don

…mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción… [1]. Así reza el voto de castidad de cada alumno del Dogma 95, movimiento cinematográfico publicado en 1995 por parte del realizador Lars von Trier y basado en diez reglas bien establecidas pero que, a menudo (o mejor desde la primera película), fueron inevitablemente violadas. A pesar de esto, lo que permanece del manifiesto en el nuevo film de Susanne Bier es justamente la esencia, el espíritu del voto. Evolución entonces, pero seguramente no traición, es la palabra que relaciona Después de la boda con sus raíces danesas.

Susan Bier nos enseña con precisión, pero al mismo tiempo con ligereza, cómo “hacer que la verdad salga” de los personajes y de las ambientaciones, cómo investigar lo real mas allá de lo real. Su cámara se aventura así mas allá de lo que la superficie esconde, hasta el corazón de las personas y de las cosas. ¿Pero cuál será, al final, esta verdad escondida en los personajes de Después de la boda? Ésto es lo que la nueva película de Bier indaga minuciosamente, utilizando los instrumentos que pertenecen a su profesión, es decir, los planos, la música, los decorados, la luz, y no de manera fija, siguiendo un dogma utópico, sino con su propia inteligencia.

La realidad de Jacob, el personaje central, es representada por la construcción de un orfanato en India, un proyecto que le apasiona muchísimo pero que necesita de mucho dinero para realizarse. El objetivo de Jorgen, donador potencial, parece ser la participación en este proyecto, y es por eso que, al fin de concretizarlo, invita a Jacob a Dinamarca. A esta pareja inicial tenemos que añadir a otros dos personajes, con sus propias realidades: la hija de Jorgen que se casará el día después de la llegada de Jacob, boda a la que este último está invitado por el padre de la esposa; y, por fin, Hélène, la mujer de Jorgen que cree haber sobrevivido a sus fantasmas. Basándose en este cuadro inicial, Bier roba progresivamente a sus personajes esta verdad que va mas allá de las realidades que cada uno de ellos se ha construido, verdad que los unirá para siempre. Para llegar a esta conclusión, la realizadora danesa investiga literalmente el cuerpo de los personajes con su cámara, que nos lleva desde el recuerdo hasta la realidad presente. Desde este punto de vista, Hélène no aparece concretamente por primera vez en India, sino a través de los recuerdos de Jacob, a través de la sensación de sus dedos sobre su piel. Con este plano detalle, la realizadora quiere amplificar las emociones de Jorge que, aunque escondidas, están todavía presentes en su memoria. A partir de este momento Hélène no es más que una emoción, sin cara, sin nombre, pero de todas formas viva. Biel continúa su análisis utilizando los objetos presentes en la gran casa de campo, filmados como si fueran seres vivos, como si quisieran decirnos algo fundamental. Estamos entonces confrontados con numerosos planos detalle de los animales disecados que se encuentran en cada cuarto. Sus ojos de cristal miran a los personajes, que, como ellos, están fijos, forzados en una realidad que se han construido, pero detrás de la cual se esconden las emociones que la boda de Anna devolverá a la luz.

Precisamente la boda es el punto de partida de todo, y después de la cual, como lo sugiere el título, nada será igual; las realidades que cada uno se construyó desaparecerán y convergerán en una sola verdad, la de la vida y su ciclo inevitable. Después de la boda no es ningún melodrama gratuito sino solamente emociones, emociones a flor de piel, buscando esta verdad que solo el cine de calidad, que disfruta de todos sus potenciales, puede crear.


Notas:

1. Dogma 95 en Wikipedia. [Volver arriba]

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