Ficción  (Ficció, Cesc Gay, 2006)

Está bien enamorarse de vez en cuando

Un texto de Naila Vázquez Tantinyà

La cuarta película de Cesc Gay, Ficción, es un filme hecho de lo que no se ve, de lo que pudo pasar pero no pasó. La sensación de los personajes y que, por ende, debería transmitirse al público, es aquella de ir en el coche, escuchando una música triste pero con garra, mirando a la carretera o por la ventana, con los ojos brillantes…pensando. Así se nos presenta Eduard Fernández durante toda la película; un personaje inseguro, introvertido y dubitativo, que quiere escapar de algo sin saber de qué. Es tan bueno como ilustrativo el momento en que, a este alter ego de Gay en tanto que director de cine, su amigo (Javier Cámara) le diga “bueno tú no haces precisamente películas de acción”, y él responda “no, pero me encantaría”, con cara de que preferiría hacer películas en las que no expresara tanto de sí mismo, y no tuviera ese pánico creativo de hablar de sentimientos propios y ajenos.
No hay duda de que Eduard Fernández encarna a la perfección a este ser a medio camino, que huye de la ciudad para buscar algo inconcreto entre las vacas y ovejas de la Cerdanya. Pero si hay que quedarse con alguien, el fino y tierno humor de Javier Cámara y Carme Pla es el mejor candidato, así como su relación de amistad, elemento muy interesante aunque solamente apuntado. Monte Germán en su debut cinematográfico da la talla y Ágata Roca toma un registro poco habitual en ella en el que se mueve con comodidad.

Esta nueva historia de personajes Gay la describe igual que En la ciudad o Krámpack como narraciones que se estructuran sobre la base de personajes que reprimen sus sentimientos, que guardan celosamente su intimidad y que toda esa procesión, que va por dentro, sólo la observa y entiende el espectador. Hacer películas sin tramas recomplicadas y sin mucha acción es una apuesta apreciable y completamente digna, pero lo que no se puede esperar es narrar un conflicto que no se exterioriza y que el espectador sólo ve… pero en ningún caso siente. Con En la ciudad, Gay no se adentraba demasiado en ninguna de sus historias, pero la coralidad mantenía enganchado al espectador y le hacía fluir por el metraje. Esto no se consigue en Ficción, que parece una película mucho más críptica en el sentido de que su creador sabe lo que quiere decir, el público lo intuye pero, con perdón de la expresión, rompe la premisa cinematográfica de que el cine debe ser coito y no masturbación.

Esto no significa que todos los conflictos deban tener una tensión in crescendo y deban explotar a lo Secretos de un matrimonio (esa magistral escena en la que la pareja amiga de los protagonistas empieza a insultarse terriblemente). En Ficción, la tensión entre Alex (Eduard Fernández) y Mónica (Montse Germán) se palpa a cada segundo, tanto que a veces resulta bastante forzada. Es decir, se ve demasiado la puesta en escena, la preparación: ahora van a caballo y a ella le cae el móvil y se quedan hablando; ahora se pierden juntos y pasan la noche en un refugio… Parece que un Demiurgo con delirios de Cupido les va tendiendo trampas a cada momento… Todo para acabar con un diálogo magistral; “bueno, parece que nos hemos enamorado un poquito, ¿no?”, “Sí…”.

Una apuesta arriesgada e interesante la de contar aquello que a penas pasa, pero en este caso no del todo resuelta. Aunque con un elenco de lo mejorcito, una música de Mahler a Nick Cave acertadísima y una puesta en escena limpia y con algún que otro detalle de calidad (el plano de los dos en la barra del bar es un vívido ejemplo de cómo narrar con la imagen de una forma sutil), el resultado es una película en la que cuesta entrar y que fluye muy a duras penas; no porque esté basada en los sentimientos y no tenga una acción trepidante, sino porque con cada final del día llega un fundido a negro más, sin que el espectador traspase la barrera de la pantalla y, ni por un momento, pueda ser él quien mire por la ventana y canturree “are you the one I’ve been waiting for…”.





















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