Sincronizando relojes
El cine de Tsai Ming-liang

Un texto de Stefan Ivančić

Tsai Ming-liang (Malasia, 1957) es junto con Edward Yang (Yi-Yi) y Hou Hsiao-hsien (Millenium Mambo) la insignia del cine Taiwanés, y uno de los cineastas contemporáneos más destacados. El pasado año el festival de Gijón dedicó una retrospectiva a su obra, de la cual hasta hace muy poco no se había podido ver nada en las pantallas comerciales españolas, que poco a poco emiten pequeñas señas de querer sincronizar sus relojes (pantallas) con la hora del mundo, y estrenar (al menos algunas) de las películas importantes que se hacen hoy en día. Once años después de conseguir el León de Oro en Venecia con Vive l’Amour (Aiqing wansui, 1994), Tsai Ming-liang presenta en nuestro país su último trabajo, El sabor de la sandía (Tian bian yi duo yun, 2005), ganadora de numerosos premios internacionales, entre los cuales se encuentra el Oso de Plata a la mejor contribución artística en la Berlinale 2005.

Comparado en numerosas ocasiones con maestros como Michelangelo Antonioni o Andrei Tarkovski (con quien además comparte una afinidad especial por un elemento como el agua) por el ritmo pausado y la gran cualidad estética de sus películas, Tsai prefiere acercarse a uno de los grandes estandartes de la Nouvelle Vague, François Truffaut (“Él ha creado su propio mundo, que filma una y otra vez. Él siempre tiene las mismas preocupaciones, que encuentran una manera de reaparecer en sus filmes.” [1]). Pero hay que decir que pese a los infinitos padres que se le pueden asociar a Tsai Ming-liang (igualmente aplicable a muchos otros de los actuales jóvenes realizadores asiáticos), el cine de Tsai Ming-liang es suyo y de nadie más; sería imposible confundir cualquiera de sus películas como la obra de algún autor de la modernidad.

Uno de los ejes del cine de Tsai Ming-liang es la ausencia de una narración definida, así como la escasez de diálogos: el apoyo en la imagen es total. Planos largos (se habla de una media de un plano por minuto) y fijos son predominantes en su cine; es curioso darse cuenta que Tsai se dedicó al teatro antes de abordar el cine, hecho que ha podido influenciar en su posterior trabajo como realizador de películas. El gran realismo de las imágenes de sus películas se basa en no mostrar tan solo sucesos (actos o acciones), sino en mostrar los actos completos: los accionamientos que realizan los personajes y los acontecimientos [2]. Además, Tsai muestra acciones tan cotidianas pero privadas de la vida humana como orinar, algo desconocido para el cine.
Pese al citado escaso uso de la palabra, el sonido no es menospreciado en las películas del director malayo, teniendo éste un papel muy importante en sus filmes. El ejemplo más claro es The Hole (Dong, 1998), el la que el incesante chapoteo de la lluvia remite a la situación de temor que puebla las calles de Taipei.
La relación entre Tsai Ming-liang y su actor fetiche, Lee Kang-sheng (protagonista en todas sus películas) es inevitable. Hsiao-kang (Lee Kang-sheng), es el alter-ego incompleto de Tsai Ming-liang [3], reflejado sobre todo en What time is it there? (Ni neibian jidian, 2001). En What time is it there?, la primera vez que Hsiao-kang mira Los 400 golpes, se tapa la cara con una almohada, igual que hiciera Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) tiempo atrás en aquella. El paralelismo que Tsai establece aquí entre su propia figura y la de François Truffaut es innegable: ambos han (re)tratado sus propias preocupaciones en un mismo personaje, interpretado siempre por un mismo actor.
El pasado, muy usual en las películas de muchos directores asiáticos (sin ir más lejos, en Wong Kar-wai o Hou Hsiao-hsien), se encuentra también en la obra de Tsai Ming-liang. En What time is it there?, en un intento de poner todos los relojes de Taipei a la hora de París, Hsiao-kang expresa una terrible melancolía hacia otra época y otro lugar, ajenos y lejanos, pero tampoco desconocidos para él [4]. Esta sincronización de relojes es, a la vez, una gran metáfora del progresivo acercamiento de oriente a occidente, proceso que se culmina con el cambio de la hora de un gran reloj situado en lo alto de un edificio, y la consecuente celebración de la aparente victoria tomando un vino (suponemos que francés) por parte de Hsiao-kang.

El sabor de la sandía, séptimo largometraje de Tsai Ming-liang, se puede definir como una síntesis o reunión de todos los elementos presentes en sus películas anteriores. Es la continuación argumental de What time is it there? y The skywalk is gone. Se construye alrededor de una serie de números musicales tremendamente kitsch, de la misma manera que The Hole, sirviendo en ambas para la expresión de los estados de ánimo de los personajes. Aborda de manera directa el sexo, igual que en The River (He liu, 1996). Y sigue siendo una especie de ejercicio metacinematográfico en la estela de Good Bye, Dragon Inn (Bu San, 2003), pero sin llegar a los extremos de ésta, en la que el director invitaba al espectador a entrar en aquella sala de cine que abría las puertas a su última proyección y observar con él el incierto camino que está siguiendo el cine, a la vez que era también un tributo a éste.

En El sabor de la sandía Tsai Ming-liang retoma la vida de Hsiao-kang en el punto en el que la dejó en The Skywalk is Gone, y usa el sexo como telón de fondo para tratar sus temas ya recurrentes acerca de un mundo contemporáneo en descomposición. Como bien titulaba el libro dedicado al director malayo y editado por el festival de Gijón en 2004, “una sandía es una sandía”. Por mucho que su composición del 93% de agua tienda a ser ésta, hay elementos insubstituibles. Por esto la falta de agua en la película simboliza la falta de amor en la gente, algo que el sexo, pese a que lo pretende, no puede cambiar. Hsiao-kang es ahora actor porno, un títere de la sociedad, pero es también la única persona del universo (re)creado por Tsai que parece ser consciente de que una sandía es una sandía. Él se baña en grandes depósitos de agua y no bebe zumo de sandía; tampoco se ha sumado a la recolecta compulsiva de reservas de agua, algo que es inevitable comparar con el tan habitual consumismo y completismo. Curiosamente Hsiao-kang nunca carece de este (des)preciado bien: en What time is it there? él encontró el verdadero amor en Shiang-chyi, la chica por la que en esa película Hsiao-kang sincronizaba todos los relojes con la hora de París.

El durísimo final de El sabor de la sandía hace que todas las sonrisas que pueden haber despertado las partes musicales de la película desaparezcan de repente. Los catorce últimos minutos muestran el rodaje de una película porno, y están filmados como si de tal película se tratara, provocando un gran desconcierto en el espectador, y despertando en él un ansioso deseo de reaccionar (sin saber cómo). Este final es una explosión, un orgasmo que puede simbolizar tanto el inicio de la nada, una vuelta al caos total, como el principio de una trasgresión, la liberación del amor de una represión indirecta que ha tomado forma en el colectivo humano. La primera posibilidad, la opción pesimista, hace de El sabor de la sandía la antítesis de The Hole. En aquella, el miedo que metaforizaba la constante lluvia y aquél Taiwán apocalíptico en víspera del nuevo milenio guardaba un rayo de esperanza, apoyado en los buenos recuerdos, como el de la cantante Grace Chang. Los protagonistas de El sabor de la sandía no tienen tales recuerdos, son hijos de una época invisible, en la que la lucha por el amor se hace prácticamente imposible. Pero quién sabe. Quizás esta impactante escena (a priori rechazada por el espectador) es el único momento de luz que atraviesa El sabor de la sandía, y las lágrimas de Shiang-chyi y Hsiao-kang aparecen para desaparecer por siempre.


Filmografía:

• Rebels of the Neon God (1992)
• Vive L’Amour (1994)
• The River (1997)
• The Hole (1998)
• What time is it there? (2001)
• A Conversation with God (2001, Cortometraje)
• The Skywalk is gone (2002, Cortometraje)
• Good Bye, Dragon Inn (2003)
• The Wayward Cloud (2005)


Notas:

1. LEOPOLD, Nanouk. Confined Space — Interview with Tsai Ming-liang. Senses of Cinema, Issue no. 20, mayo-junio 2002. Publicado originalmente en Skrien, no. 2, marzo 2002. Además, en numerosas ocasiones Tsai Ming-liang ha confesado que siempre que tiene una crisis creativa, ve Los 400 golpes (Les quatre cents coups, 1959) de Truffaut. [Volver arriba]

2. SCHANTON, Pablo. “Apuntes sobre las tres primeras películas de Tsai Ming-liang durante las tres primeras semanas de lluvia de la primavera 2004”, en Una sandía es una sandía. Las películas de Tsai Ming-liang. Festival Internacional de Cine de Gijón, 2004, p. 44. [Volver arriba]

3. “No sólo Truffaut tenía su actor favorito: Fassbinder, Ozu y otros japoneses estaban interesados en trabajar siempre con los mismos actores. Pero claro, Truffaut es el paradigma. La diferencia conmigo es que yo no hago una autobiografía. Lee es tal vez una mitad de mí. Estoy interesado en observar el personaje, su expresión, su cara, sus reacciones”. Tsai, en una entrevista de Josefina Sartora publicada en Cineismo.com. [Volver arriba]

4. En la entrevista Confined Space — Interview with Tsai Ming-liang (ver nota 1), Tsai Ming-liang dice sentirse ajeno al mundo actual. Se le pregunta acerca de las películas de su infancia, las películas de las estrellas del Hong-Kong de los 50 y los 60 Yu Ming, Lin Dai o su querida Grace Chang. Tsai responde que realmente piensa que no está al día, que vive en un período equivocado si tanto le gustan estas películas. [Volver arriba]





































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